La tarde caía con pereza sobre la ciudad, tiñendo los edificios de tonos dorados y rosados. Desde su ventana, Emma contemplaba el cielo con una sonrisa tranquila. Tenía el cabello recogido en una coleta alta, vestía unos pantalones deportivos oscuros y una camiseta blanca ancha. Sus zapatillas favoritas estaban listas desde hacía media hora. Siempre le había gustado el baloncesto; lo había jugado desde niña en el patio de su colegio, y aunque su vida se había complicado en los últimos meses con