El príncipe frunció el ceño, y bajó la mirada hacia el objeto. Era un libro de aspecto sencillo, con una portada oscura, sin adornos, ni brillo, ni detalles grabados. Lo tomó con delicadeza, sintiendo el peso extraño que parecía cargar, como si no se tratara de simples páginas.
—¿Y esto qué tiene de particular? —preguntó, mirando a las doncellas. Había una pizca de desdén en su tono.
—Señor, cuando lo encontramos… estaba emitiendo una especie de luz. Un resplandor suave, como si… respirara —res