Leonard se llevó las manos al rostro. Su mente se debatía entre la lógica y la locura. ¿Era ese libro una broma macabra? ¿Una obra escrita por algún enemigo para burlarse de su dolor? ¿Por qué coincidía tanto con los hechos reales… y, a la vez, se alejaba tanto de lo que él sentía?
Y entonces lo entendió.
Ese libro... no era una novela.
Era una prisión. Un espejo distorsionado de lo que Violeta había vivido.
Y si eso era cierto, si lo que sostenía entre sus manos había sido parte de su mundo...