Las puertas del castillo de Aiglenor se cerraron con un golpe seco, ocultando dentro un consejo secreto, formado por rostros olvidados y nombres borrados de los registros oficiales. Elian Thorne había muerto, pero su sombra aún merodeaba en los ecos del palacio. Y Arabella Devereux, sentada en el trono prestado del norte, tejía alianzas como quien borda un estandarte para la guerra.
Frente a ella, Dorian Vellacourt, exiliado años atrás por traición al trono de Theros, inclinaba la cabeza con un