Ethan observó a su nieto. Estaba más delgado y su semblante reflejaba agotamiento.
—Alexander, ven, siéntate —le pidió con suavidad.
Alexander obedeció. Felicity entró, dejó el café sobre la mesa y salió discretamente de la oficina.
—Todo está listo. Esta vez no habrá errores en la producción —continuó Alexander.
Ethan suspiró con pesar.
—Sé que eres capaz de lograrlo. Pero te estás perdiendo a ti mismo. Ya no luces como antes… no te ves bien.
Alexander esbozó una sonrisa amarga y lo miró