Cerró los ojos por un momento. Sabía que debía ir al hospital para asegurarse. Al abrirlos, tomó unos jeans negros y una blusa verde. No tenía energía para arreglarse demasiado ese día, sobre todo si iba a casa de sus padres.
Se cepilló el cabello y se lo recogió en una coleta. Se puso unas zapatillas verdes y tomó su teléfono, las llaves del auto y su bolso. Sin volver a mirarse al espejo, salió de la habitación, cerrando la puerta detrás de ella.
—Buenos días, Camila. Ven a desayunar —la