89.
MEGAN
La mañana llega sin pedir permiso.
No hay transición suave, no hay descanso real que me prepare para abrir los ojos. Es como si simplemente hubiera pasado de llorar en la noche… a seguir sintiendo exactamente lo mismo con la luz del día.
Parpadeo lento.
Pesado.
El cuerpo me duele, pero no es lo que más noto.
Es el vacío.
Ese silencio espeso que queda cuando ya no hay nadie, cuando todo lo que creías seguro se rompe y no hay nada que lo sostenga.
Tardo unos segundos en recordar dónde esto