Capítulo 10: La Primera Tempestad y el Rugido Silencioso
Agnes ya no distinguía entre el sueño y la vigilia. El velo que separaba su realidad de las visiones se había vuelto tan delgado que a veces sentía que caminaba por dos mundos a la vez. Las pesadillas no solo se habían vuelto más frecuentes, sino que su nitidez era aterradora. El bosque retorcido, con árboles cuyas ramas parecían garras esqueléticas, se alzaba imponente, susurrando secretos antiguos, ecos de dolor y de poder que la llamaba