Valeria
Luca me llevó de vuelta a mi habitación sin decir una palabra. Su agarre en mi brazo no era brusco, pero sí firme, como si estuviera asegurándose de que no escapara otra vez. Mi mente seguía dando vueltas por lo que había visto: un hombre armado, la amenaza que representaba y la manera en que Luca lo había enfrentado con una calma implacable.
Cuando cerró la puerta detrás de nosotros, giró hacia mí, sus ojos ardiendo de furia contenida.
—¿Qué parte de "quédate aquí" no entendiste? —p