Valeria
El eco de los disparos disminuyó poco a poco, pero la tensión en el aire seguía siendo insoportable. Mi corazón latía con fuerza mientras Luca me miraba fijamente, como si pudiera leer cada pensamiento que cruzaba mi mente. A su alrededor, sus hombres comenzaban a reagruparse, limpiando las evidencias del ataque.
—Ven conmigo —ordenó Luca, con una voz que no admitía discusiones.
Me tomó de la mano y me condujo por un pasillo hacia su oficina, un espacio que ahora parecía un refugio