Al escuchar aquella voz, a Ross se le erizó toda la piel, se puso muy nerviosa y la respiración se le aceleró, «¿esto no me puede estar pasando?, ¿por qué tenía que aparecer?», pensó mientras ve de re ojos. Enseguida el hombre repite sus palabras.
— ¿Algún problema, Ross? —dijo el hombre casi al oído de ella, ella se voltea drásticamente, chocando la cabeza contra la mejilla del sujeto.
— Discúlpeme, sé… señor Jobs —dijo y bajó la cara de vergüenza por lo que había sucedido. Aunque él le di