Mía
La luz del amanecer se filtraba por los inmensos ventanales de mi nuevo apartamento, proyectando sombras alargadas sobre las sábanas de seda gris. Desperté con una sensación extraña: por primera vez en años, no sentía el peso de la angustia en el pecho al abrir los ojos.
Me giré lentamente y me encontré con la mirada de Alan.
Estaba apoyado en un codo, observándome con una fijeza que me hizo estremecer. No parecía haber dormido mucho sus ojos marrones estaban cargados de una intensidad s