Mía
Me desperté antes de que saliera el sol. El silencio en mi nuevo apartamento era tan denso que casi podía escucharlo vibrar. Me quedé inmóvil entre las sábanas blancas, mirando el techo y dejando que los recuerdos de la noche anterior se proyectaran en mi mente como una película de terror.
La renuncia, los gritos de mi padre, el rostro pálido de Oliver y, sobre todo, la mano de Alan sellando mi boca en aquel baño.
Me senté en el borde de la cama, frotándome la cara. Mis padres pensaron que