Capítulo 46: El juego peligroso del engaño.
—Solo venía por mi Papanicolaou. —mencionó, entre suspiros.
—Esto es parte del procedimiento —bromeé, intentando disimular mi propia turbación.
—¿En serio? En internet no decía eso, la próxima vez iré con otro doctor...
—Cállate, solo yo puedo revisarte —respondí, sintiendo una mezcla de culpa y deseo.
Ella empezó a sonreír, como si también disfrutara de este secreto. Se sentó en la camilla, invitándome a acercarme con sus piernas abiertas y sus manos acariciando mis hombros.
—¿Qué estás hacien