Capítulo 32: Tres regalos.
—Sí, Dylan, aún no lo he visto. Me preocupa un poco, pero espero que llegue pronto —respondí con sinceridad, desviando la mirada hacia la multitud mientras buscaba algún rastro de Max.
Mi hermano asintió en silencio, comprendiendo mis sentimientos. Nos quedamos allí parados por un momento, observando cómo la música se intensificaba y todos comenzaban a bailar en la pista.
De repente, sentí una mano en mi hombro y me giré rápidamente para encontrarme con Max, con una sonrisa amplia y radiante en