La música sonaba a todo volumen esa noche en el antro complaciendo a los anfitriones que habían asistido a perder la cabeza. Matthew, había llegado y caminaba en medio de la multitud mirando como ahogaban sus miserables vidas en alcohol, drogas y sexo para aquellos que no tenían vergüenza, era un lugar libre de hacer lo que desearan y nadie los iba a juzgar.
Matt subió las escaleras mientras deslizaba sus dedos por el barandal y sin apartar su mirada de las personas que se iban quedando abajo,