Flor Pérez
Debo reconocer que estoy cansada. Tomo mi maleta, la llevo a la habitación, me quito el vestido de novia, me deshago el peinado y me retiro el maquillaje que con sutileza esperaba que me hiciera ver un poco mayor para no parecer una chamaca a lado de quien hoy día sería mi esposo.
Lloro en silencio, lloro porque esto no era lo que imagine, lloro porque esto es muy diferente a lo que platicaban mis compañeras.
Blanca, hace un par de días hablo conmigo como si fuera mi madre. Me explicó