Flor Pérez
Luego de un incómodo silencio, finalmente subimos al auto de regreso a la ciudad de México, íbamos en búsqueda de la incorporación hasta que a mi acompañante se le ocurrió que necesitaba todo.
Christian necesitaba usar el tocador, tenía frío, tenía hambre y no sé cuánta escusa más me puso. Supuse que eso sería aún martirio para el pobre hombre, ya que lo único próximo eran varios lugares de comida casera, en mi mente claramente vi su cara de repulsión.
Grande fue mi sorpresa cuando vi