ADELA
—Me gustas... Pero tuve miedo. Miedo de que, si te decía lo que sentía y me rechazabas, quedaría como un idiota.
Y entonces, con una sola frase, ese hombre derriba todos los muros que llevaba semanas levantando.
Porque jamás imaginé que alguien como Hyeon (que siempre va con la actitud de comerse el mundo) fuera capaz de admitir que había sido un cobarde.
—¿Eso es verdad?—le digo un poco avergonzada.
—Si…
—Tu amigo dijo que estabas jugando conmigo en la consulta, él...—Mi voz baja