GABRIEL
El viejo almacén estaba sumido en una penumbra apenas rota por una hilera de fluorescentes que parpadeaban sobre sus cabezas.
Los golpes resonaban secos entre las paredes de hormigón.
—¡¿Qué clase de escoria le hace daño a una mujer embarazada?! —ruge Alejandro mientras descargaba otro puñetazo contra el hombre atado a una silla—. ¡Solo la peor basura!
Marcos escupe sangre al suelo y suelta un gemido ahogado. Tenía las manos inmovilizadas a la espalda con bridas de plástico y una cinta a