ADELA
Estaba celosa.
Sí. Aunque ese hombre no fuera mi pareja de verdad, me molestaba la facilidad con la que su familia hablaba de mí como si no estuviera sentada a la mesa. Como si pudieran decidir quién era la mujer adecuada para él mientras yo escuchaba cada una de sus palabras.
Me estaban faltando al respeto.
Podría haber estallado y haber montado una escena, pero eso solo habría confirmado todos sus prejuicios. Así que hice lo contrario.
Los ignoré.
Y, por lo visto, fue la mejor decisión.