Gabriel
He repetido su cara de sorpresa en mi cabeza muchas veces en esta última hora y es que ella es una mujer muy divertida aunque estoy seguro que no se lo propone.
Al principio, era mera curiosidad. Necesitaba entender qué hacía Ángela escondida en un pueblo perdido como Milford, pero, al verla sentada junto al ventanal de aquella pequeña cafetería, con una taza de café y un libro abierto sobre la mesa, sentí algo. Algo que no esperaba y que me empujó—en cierta forma— a buscar una for