Ángela
El resto de la mañana se convierte en una sucesión interminable de interrupciones y de idas y venidas al despacho de Gabriel. Apenas me da tiempo a sentarme cuando vuelve a sonar el teléfono de mi mesa o aparece la secretaria para decirme, con su habitual amabilidad, que el señor Whitmore vuelve a requerir mi presencia en su despacho.
—Ángela, el señor Whitmore la espera en el despacho.
Levanto la vista de la pantalla y frunzo el ceño.
—¿Otra vez?
La secretaria se limita a encogerse de ho