VALERIA
El teléfono suena en la mesita de noche. Samuel salió apenas unos minutos. “¿habrá olvidado algo?” pienso. Al mirar veo que es número desconocido.
—¿Aló? —digo, con la voz cansada.
—Me extrañaste, amor —dice una voz que no esperaba escuchar nunca más.
El mundo se detiene.
—Te quedaste sin palabras.
—¿Qué quieres? —pregunto, y mi voz es apenas un hilo.
—Mataré a Samuel. Si quieres que eso no pase, vendrás a la casa de la playa. Ahora.
—Maldito, hijo de puta.
El tono de desconexión retum