SAMUEL
Llego a la casa de la playa con el corazón en la garganta. El sol ya está alto, pero la luz apenas entra por los ventanales cubiertos de polvo. La casa se ve igual que la última vez: abandonada, triste, con ese aire de lugar donde pasaron cosas que nadie quiere recordar. Hay autos estacionados afuera, quizás se ade Andrés.
Apago el motor, respiro hondo y bajo del auto con la cabeza llena de preguntas.
La puerta está entreabierta, algo sospechoso, pero entro sin tocar. El silencio se romp