SAMUEL
El mundo se rompe en cámara lenta.
Un segundo antes, Valeria estaba de pie frente a todos, hablaba con una voz que no temblaba, señalaba a mi padre con un dedo que no dudaba, contaba cada crimen, cada mentira, cada noche encerrada. Yo la miraba desde el fondo de la sala, con el pecho apretado, con las manos sudorosas, con la certeza de que por fin, después de todo, íbamos a ganar.
Y entonces ella empezó a caer.
No fue un desmayo limpio. Fue un derrumbe, sus piernas se doblaron como si al