VALERIA
El salón estalla en murmullos. Las miradas se vuelven hacia Damián. Él me suelta la mano como si le quemara. Sus ojos recorren la sala buscando una salida, un aliado, algo que le devuelva el control que acaba de perder.
—Está enferma —dice, con la voz quebrada—. La han drogado. No sabe lo que dice.
—Sé exactamente lo que digo —respondo, y mi voz no tiembla—. Y a partir de esta noche, usted va a enfrentar la justicia que le ha sido esquiva durante quince años.
Detrás de mí, escucho pasos