VALERIA
Cartagena huele a sal, a historia, a vida.
Despertar aquí es como hacerlo dentro de una postal. La luz entra por los ventanales de la habitación principal, dibujando sombras cálidas sobre las paredes de cal. El rumor del mar llega amortiguado, mezclado con el canto de las gaviotas y el eco lejano de la ciudad que despierta.
A mi lado, Damián aún duerme. Lo miro un momento. La forma en que la sábana le cubre medio pecho, la paz de su rostro cuando no está planeando, no está negociando, n