VALERIA
El local de Sofía está en una galería comercial cerca del centro. Pequeño, acogedor, siempre con olor a esmaltes y acetona y ese perfume dulzón que ella usa para recibir a sus clientas. Cuando entro, está terminando de limpiar su estación de trabajo. No hay nadie más.
—¡Vale! —exclama Sofía al verme, dejando lo que hace para abrazarme—. Cuéntame todo. ¿Qué pasó? Sonaste rarísima por teléfono.
Me dejo caer en la silla giratoria de clientas. Sofía se sienta frente a mí, en su pequeño banc