¡Vaya gusto tan peculiar!
—Cuando besas, no es necesario mirar la cara —dijo Manuel rascando la palma de la mano de María, hablando con indiferencia.
María: —…
Ella subestimó su descaro.
A pesar de sus palabras groseras, los labios de María se curvaron involuntariamente debido a ellas.
Dentro de la oficina, Manuel llevó a María frente a Luis y le dijo con indiferencia: —Dale el mejor tratamiento, ¡sin dejarle cicatrices!
—Uh… gracias al doctor Rodríguez por su ayuda —María, con una cara hinchada