—Sebastián, tú…
María no esperaba que Sebastián de repente fuera tan gentil con ella. Su cuerpo tembló involuntariamente, y levantó la cabeza rígidamente para mirarlo.
Bajo la brillante luz del sol de primavera, el hombre maduro y amable se mantenía erguido y ordenado. Con una mirada cálida en sus negros ojos, la observaba sin pestañear, con una sonrisa plena de alegría.
Era como el buen hermano mayor que siempre esperaba cuando era joven, alguien que la cuidaba y amaba incondicionalmente.
A pes