El primer día del año nuevo, la nieve se disipaba y el cielo se aclaraba.
María disfrutó de una noche de sueño reparador. Después de despertarse, se estiró enérgicamente, se levantó de la cama y entró en el baño. Parada frente al espejo grande sobre el lavamanos, María frunció el ceño, mirando con perplejidad debajo de su clavícula...
En la piel pálida de su pecho, había tres marcas rojas del tamaño de un pulgar, de un rojo brillante y bastante frescas. No parecían ser causadas por picaduras de