—Umm, gracias.
María apartó la mirada y vio a la enfermera que, con guantes puestos, sostenía una bola de algodón empapada en desinfectante, sonriendo para indicarle que se bajara los pantalones.
Esa parte tan íntima expuesta ante los demás hizo que las mejillas de María se pusieran incómodas, y su resentimiento hacia Manuel, quien la había lastimado lo suficiente como para llevarla al hospital, aumentó.
La enfermera se inclinó con cuidado para cambiarle el vendaje, y al ver la herida, no pudo e