María yacía en la cama del hospital, de espaldas a la puerta. Escuchó unos pasos ligeros acercándose hacia ella. Sus dedos, apretados en las sábanas dentro de la manta, se tensaron aún más, pero no se volvió ni habló.
Los pasos se acercaban más y más, y su corazón se elevaba en la garganta.
En este momento, no quería ver al hombre cruel que la había lastimado.
Desearía que el tiempo pudiera retroceder. En el momento en que Nicolás la acorralaba, no habría buscado refugio en su lugar, y mucho men