37. Lazos Rotos.
La escena en la orilla era de devastación y triunfo a medias. El aire frío de la noche llenaba los pulmones de los supervivientes con una crudeza que era a la vez un castigo y una bendición.
Evdenor tosía aún, escupiendo los últimos vestigios del agua oscura del lago. Sus ojos, antes vacíos y hechizados, ahora centelleaban con una confusión furiosa y la aguda vergüenza de haber sido vulnerable. Su mirada se posó primero en Kael, quien, de rodillas a su lado, observaba a su príncipe con una expr