30. Rendición.

Una semana había transcurrido desde que Eryn resultó herido. La vida en el castillo seguía su curso normal, ajena por completo al caos que los altos mandos estaban sembrando más allá de sus muros. Se suponía que esa tarde Evdenor regresaría de lo que Eryn ya no consideraba una misión, sino una maldad institucionalizada.

Como sirviente personal del príncipe, a Eryn se le habían concedido dos semanas de descanso, o hasta su recuperación total. Esa había sido la orden directa de Evdenor, y así s
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