31. Trato Hecho.
Eryn se acurrucaba en un rincón de la pequeña y ordenada casa del médico, tiritando de frío. Llevaba horas allí, escondido tras las cortinas de lino, mirando con paranoia la calle vacía. Solo llevaba puesta su delgada camisa interior, y sus pies estaban sucios y helados por haber corrido descalzo por los pasillos de piedra del castillo. Cada crujido, cada paso a lo lejos, le hacía contraerse, esperando ver la figura alta y furiosa del príncipe aparecer para reclamarlo.
La puerta se abrió con un