*—Antonella:
Había sido un fin de semana de ensueño, un recuerdo que Antonella sabía que atesoraría por siempre, pero el lunes llegó, y con este, la realidad.
El ascensor emitió un suave ding cuando alcanzó el piso de la oficina. Con la cabeza en alto y el corazón latiendo con fuerza, Antonella salió y caminó hacia su escritorio. Era temprano; Max aún no había llegado, pero ese momento a solas le dio tiempo para reunir sus pensamientos y prepararse mentalmente para enfrentarlo.
Desde aquella no