*—Antonella:
Lentamente, giró su cabeza hacia la derecha, y allí estaba él, Max con una sonrisa que mezclaba picardía y satisfacción.
Su cabello, normalmente peinado hacia atrás con estricta perfección, caía rebelde sobre su frente, dándole un aire relajado y peligroso. Sus ojos brillaban con un matiz que ella nunca había visto en las reuniones de la oficina, un destello que parecía atravesarla por completo.
—Hola —saludó Camila, completamente divertida por la escena.
—Hola. Soy Max, el jefe de