Los Ojos del Consejo.
El cuarto de control estaba en silencio, salvo por el zumbido constante de los servidores y el parpadeo monótono de las pantallas. Cada monitor mostraba un fragmento del complejo: pasillos, salas de experimentos, conductos de mantenimiento.
Desde ese lugar, los padres de Leo, Isela y Cayden podían verlos a todos. Cada paso, cada gesto, cada respiración estaba registrado, analizado, evaluado. Cada emoción era una variable que ellos calculaban y manipulaban sin que los sujetos lo supieran.
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