Entre Escombros y Cenizas.
El golpe fue tan rápido que su mente tardó varios segundos en comprenderlo.
Un estallido metálico, un rugido profundo desde el vientre del edificio, un temblor que sacudió el suelo como si este intentara expulsarla.
Livia cayó hacia atrás y sintió el impacto frío de la pared en la espalda, pero no alcanzó a reincorporarse antes de que el techo crujiera encima de ellos con un sonido que no olvidaría jamás.
—¡Isela, cuidado! —gritó, o creyó gritar. Su voz se perdió entre el estrépito.
Una nube de