El día terminó con una tranquilidad que Valentina todavía estaba aprendiendo a aceptar.
La cafetería había estado llena durante toda la tarde. Muchos clientes habituales regresaron después de enterarse de que Marta había vuelto a abrir el local, y algunos incluso trajeron flores o pequeños regalos para mostrar su apoyo.
Para Valentina, aquella jornada había sido agotadora, pero también profundamente reconfortante. Cada conversación normal, cada taza de café servida y cada sonrisa intercambiada