El camino de regreso desde el almacén abandonado fue más silencioso que cualquier otro viaje que Valentina recordara.
Sebastián conducía con ambas manos firmes sobre el volante, concentrado en la carretera. Las luces de la ciudad pasaban rápidamente frente al parabrisas, reflejándose en el asfalto húmedo por la lluvia reciente.
En el asiento trasero, Marta estaba envuelta en una manta que Sebastián había sacado del maletero del auto. Aún temblaba ligeramente, pero ya no tenía la expresión de te