El almacén estaba oscuro y silencioso.
Las luces de la calle apenas alcanzaban a iluminar la fachada del edificio abandonado. Las ventanas estaban cubiertas de polvo y algunas tablas de madera tapaban partes del vidrio roto.
Sebastián estacionó el auto a cierta distancia, con el motor apagado.
Durante unos segundos, ninguno habló.
El lugar tenía una sensación extraña, como si hubiera sido olvidado por el tiempo.
—Podría ser una trampa —dijo Sebastián finalmente.
Valentina observaba el edificio