La visita llegó al día siguiente.
El cielo estaba cubierto por una capa gris de nubes que anunciaba lluvia. La casa se sentía más silenciosa que de costumbre, como si incluso las paredes percibieran que algo importante estaba por suceder.
Sebastián estaba en su despacho revisando nuevamente los documentos que había analizado la noche anterior cuando escuchó el sonido de un automóvil deteniéndose frente a la casa.
Se asomó por la ventana.
Un sedán oscuro estacionado junto a la acera.
Se