Clary tardó demasiado en dormirse.
No por la cena.
Ni siquiera por lo que se dijeron.
Fue por ese roce casi insignificante de los dedos de Jack en su espalda al apartarle la silla. Un gesto mínimo, limpio, perfectamente defendible si alguien lo hubiera visto. Y, sin embargo, a ella le había dejado el cuerpo entero demasiado consciente de sí mismo.
Era eso lo que más empezaba a desesperarla.
Que con Jack lo más peligroso no siempre eran los besos.
A veces era una frase dicha en voz baja.
A veces