Jack
Rowan me espera en el corredor con una carpeta negra y la cara exacta que pone cuando trae algo que no le gusta.
Cierro la puerta de la biblioteca detrás de mí y durante un segundo sigo sintiendo a Clary al otro lado: su respiración todavía un poco desordenada, el calor de su muslo bajo mi mano, la forma en que me miró cuando le pedí que no se moviera. No debería llevar esa clase de cosas encima cuando voy a hablar de vigilancia, pagos cruzados y hombres dispuestos a vender un nombre por d