La mañana después de la advertencia de Jack se volvió extrañamente lenta.
Clary pasó las primeras horas dentro de la mansión haciendo tareas menores, pero ya no con la tranquilidad de días anteriores. Ahora cada corredor parecía tener un peso distinto. Cada ventana abierta al jardín le recordaba que afuera seguía existiendo un peligro real. No visible, no inmediato, pero sí lo bastante cercano como para haber endurecido otra vez la voz de Jack y haberle devuelto esa expresión de hombre que vive