Clary no consiguió volver al trabajo de inmediato.
Después de que Jack salió del salón de música, se quedó quieta junto al piano, con una mano todavía suspendida a medio camino entre su propio cuerpo y el lugar donde él había apartado aquel mechón de cabello. El roce había sido mínimo. Apenas un gesto. Nada que una persona sensata debiera convertir en tormenta.
Y, sin embargo, ahí estaba.
Instalado en su piel como si le hubiera dejado una huella invisible.
Soltó el aire muy despacio y se obligó