Era de noche y Roderick ya había dejado a su amada en casa. El apuesto empresario estaba de muy buen humor, pues su cita salió mejor de lo esperado, de hecho fue todo un éxito y se podría decir que andaba soñando despierto.
_¡Ah, ya quiero verla de nuevo! -pensó el joven ilusionado mientras buscaba las llaves de su casa.
Él estaba tan distraído en su alegría, que no podía notar el peligro que le acechaba al otro lado de la puerta.
Roderick tarareaba despreocupadamente mientras entraba a su casa